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Los niños de 7 años de edad o menores no han desarrollado todavía la capacidad de abstracción, tal como el razonamiento. Por ejemplo, puede decirle a su hija Jennifer, de 3 años de edad, que no vaya a la calle porque hay carros que la pueden atropellar, y puede lesionarse. Jennifer puede ser perfectamente capaz de repetir las instrucciones que le dio, pero su capacidad termina allí. Es poco probable que pueda hacer lo que le dijo.
Como el razonamiento no funciona en los niños pequeños, los padres en general repiten sus instrucciones una y otra vez. Usan amenazas y se ponen latosos, como por ejemplo Si te tengo que volver a repetir... Cuando usted tiene que repetir las instrucciones, se puede sentir frustrado y enojado. Su hijo, que no puede razonar, empieza a sentir que no lo quieren porque le están gritando y amenazando. Si sigue tratando de razonar con el niño, puede reducir su autoestima. A medida que este proceso se prolonga, día por día, los padres se van frustrando más y más, y el niño desarrolla una imagen muy pobre de sí mismo.
Los niños aprenden por repetición. Tienen que tener la oportunidad de practicar la misma cosa una y otra vez. Si su hijo tiene que aprender a no ir a la calle, debe recibir esa lección una y otra vez. Cada vez que vaya cerca de la calle tiene que ser castigado, sin mostrar emociones. Cada vez que trata de ir hacia la calle, pero deja de hacerlo, tiene que ser elogiado. Después que Jennifer haya hecho 20 ó 30 viajes a la calle, con algunos terminando en castigos y otros en elogios, aprenderá que tiene que mantenerse alejada.
Los padres no pueden esperar que por haberle dicho a su hijo que no haga algo una vez, lo dejará de hacer para siempre. Los padres tienen que entender que hay que enseñar algo repetidamente antes de que el niño lo aprenda. Los niños tienen que hacer algo varias veces, tanto bien como mal, antes de aprender a hacerlo correctamente en forma consistente. No se sienta frustrada porque este ciclo se prolongue. Sepa que la enseñanza de su hijo es una habilidad importante que usted tiene que adquirir. Cuanto más veces un niño pueda experimentar el contraste entre lo que pasa cuando hace algo bien y lo hace mal, más rápida y profundamente aprenderá a reconocer lo que es correcto.