¿Qué es la intolerancia a la lactosa?
Intolerancia a la lactosa quiere decir que tiene problemas para
digerir la leche y los productos lácteos. Esta condición es más
común en los asiáticos, indígenas americanos, mexicano americanos
y afro americanos. Es un problema que también se hace más
frecuente en las personas mayores.
La leche y los productos lácteos son una fuente importante de
calcio. Debería preocuparse sobre todo por tener la cantidad
suficiente de calcio si pertenece a uno de los siguientes grupos:
- niños
- adolescentes
- mujeres embarazadas, que están amamantando o que ya han tenido
la menopausia.
Para ayudarlo a tener la cantidad de calcio suficiente, puede
hacer cambios en su dieta para poder digerir mejor la leche y los
productos lácteos. O puede obtener la cantidad de calcio
suficiente de otros alimentos. En la medida de lo posible, lo
mejor es obtener sus nutrientes de los alimentos. No obstante, si
no puede obtener la cantidad de calcio suficiente de los alimentos
que toma o come, consulte con su profesional médico sobre la
posibilidad de tomar suplementos de calcio.
¿Cómo ocurre?
Los problemas para digerir la leche se producen porque su cuerpo
no genera suficiente lactasa. La lactasa es una enzima que
descompone el azúcar natural que se encuentra en la leche. Este
azúcar que forma parte de la leche se llama lactosa.
¿Cuáles son los síntomas?
Los síntomas de intolerancia a la lactosa en los adultos son:
- ruidos en el estómago
- calambres abdominales
- hinchazón y gas en el estómago
- diarrea.
La gravedad de la intolerancia varía de persona en persona. Los
síntomas comienzan típicamente 30 minutos a 2 horas después de
comer o tomar alimentos con lactosa. Mucha gente que tiene este
problema puede tolerar pequeñas cantidades de leche, sobre todo si
se acompaña con otro tipo de comida. Otros comienzan a tener
síntomas apenas prueban la leche. El cuerpo comienza a producir
menos cantidad de lactasa naturalmente a partir de los 3 años de
edad. Sin embargo, los síntomas no se comienzan a sentir hasta que
somos adultos, o a veces más tarde aún.
¿Qué cambios debería hacer en mi dieta?
Para reducir sus síntomas puede hacer los siguientes cambios en su
dieta:
- Beba o coma porciones más pequeñas pero más frecuentes de
productos lácteos. Cuanto menor sea la porción, menor será la
probabilidad de tener síntomas.
- Acompañe la leche con otras comidas. De esa manera el proceso
digestivo será más lento y los síntomas de intolerancia de
lactosa serán menores. La mayoría de las personas que tienen
intolerancia a la lactosa puede tolerar entre 1/2 y 1 taza de
leche con las comidas.
- Trate de encontrar leche sin lactosa o con menor contenido de
lactosa, como Dairy Ease, en su supermercado.
- Trate de añadir la enzima de la lactasa a la leche común. Se
pueden comprar productos de lactasa, como Lactaid, en las
farmacias y tiendas de abarrotes. Algunas personas prefieren
el sabor de la leche cuando se añade lactasa, porque tiene un
gusto ligeramente más dulce.
- Coma yogurt con cultivos activos. Los cultivos activos del
yogurt fabrican la enzima (lactasa) que descompone la lactosa.
Lea la etiqueta del yogurt para ver si tiene un cultivo
activo.
- Los quesos duros, como el cheddar, también se pueden tolerar
bien debido a su bajo contenido de lactosa. Tenga cuidado con
la cantidad de queso que coma, porque en general tienen mucha
grasa y colesterol.
- Coma otras comidas ricas en calcio, como verduras con hojas
(como espinaca, col rizado y mostaza), salmón y sardinas
enlatadas (siempre y cuando incluyan los huesos), brócoli y
coles de Bruselas. También puede comer alimentos fortificados
con calcio, como leche de soja, jugo de naranja, panes y
cereales para el desayuno.
La intolerancia a la lactosa puede mejorar durante el embarazo.
Las mujeres embarazadas que han tenido intolerancia a la lactosa
deberían tratar de agregar productos lácteos a su dieta lentamente
para ver si los síntomas vuelven a aparecer. Comience con pequeñas
porciones de leche varias veces por día, porque las pequeñas
porciones se pueden llegar a tolerar mejor que las porciones
grandes. Si no puede tomar leche o productos lácteos, su
profesional médico puede recomendarle que tome tabletas de calcio
para asegurar que tenga el nivel de calcio suficiente durante el
embarazo.
Los requisitos diarios de calcio oscilan entre 600 mg y 1,500 mg
por día, desde que uno es niño hasta la edad adulta. Si se
eliminan los productos lácteos de su dieta, puede ser difícil
obtener calcio suficiente. Cuanto más productos lácteos pueda
tolerar, menos suplementos de calcio tendrá que tomar.
¿Cómo elijo un suplemento de calcio?
Hay muchas preparaciones y dosis de calcio disponibles. No es
fácil elegir la que más le conviene. Los productos más comunes son
el carbonato de calcio y el citrato de calcio. Busque productos de
marca conocida que tengan el símbolo USP (siglas en inglés de
Farmacopea de los Estados Unidos) en la etiqueta. Estos productos
fueron probados para verificar que se absorban adecuadamente en el
cuerpo.
El carbonato de calcio se absorbe mejor con las comidas. El
citrato de calcio se puede tomar con el estómago lleno o vacío. El
citrato de calcio puede ser una mejor opción para los adultos de
mayor edad o jóvenes que tienen un bajo nivel de ácido estomacal.
Fíjese cuánto calcio elemental hay en el suplemento. Cuando menos
calcio elemental haya en la píldora, más píldoras tendrá que tomar
para satisfacer sus necesidades. Si quiere tomar sólo 2 píldoras
de calcio por día, tiene que buscar un producto que contenga de
500 a 600 mg de calcio elemental. El calcio, ya sea en los
alimentos o como suplemento, se absorbe mejor si se lo toma varias
veces por día en dosis de 500 mg o menos.
El fosfato, lactato y gluconato de calcio también se absorben
bien. No obstante, el contenido de calcio de estos suplementos por
píldora es bajo, de manera que tendrá que tomar varias píldoras
por día para satisfacer sus necesidades.
Le conviene tomar un suplemento de calcio que contenga vitamina D
(la mayoría de los suplementos la tienen). La vitamina D le ayuda
a absorber el calcio.
Este material se revisa periódicamente y está sujeto a cambios
en la medida que aparezca nueva información médica. Se proporciona
sólo para fines informativos y educativos, y no pretende
reemplazar la evaluación, consejo, diagnóstico o tratamiento médico
proporcionados por su profesional de atención de la salud.
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